lunes, 27 de septiembre de 2010

Raro hoy, normal mañana





David Cuen |



Hace 30 años años la tecnología era una palabra misteriosa. Sólo usada por especialistas y muy lejana de la realidad de la vida diaria.
Hace tres décadas el mundo vivía una guerra fría que amenazaba con desatar un conflicto nuclear que podría acabar con la humanidad.
Nada de lo que hoy se lee en los titulares existía o se tomaba en serio.
¿Enviar mensajes instantáneos a través de algo invisible? ¿hacer llamadas telefónicas caminando al aire libre? ¿leer libros sin papel?
Entonces ¿por qué los cambios actuales, sobre todo en el mundo tecnológico nos causan tanto resquemor?
Las redes sociales son uno de los mejores ejemplos.
Su llegada y exponencial uso están alterando todos los días la forma en la que que comunicamos. Compartimos fotos abiertamente cuando antes nos avergonzábamos si nuestra mamá enseñaba el álbum familiar en público.
Decimos, leemos y compartimos información -a través del correo electrónico o de Twitter- todos los días con extraños cuando antes lo hacíamos sólo en un círculo cerrado.
Incluso algunos usan redes de geolocalización para compartir dónde se encuentran cuando antes era imposible revelar nuestra ubicación en forma instantánea.
Es normal que todos esos cambios generen recelo. Es normal que ante tanta avalancha digital nos volvamos celosos de nuestra privacidad. Pero es bastante probable que en unos años todo lo que hoy nos preocupa sea normal.
Servicios como Foursquare o Gowalla, por ejemplo, hubieran sido maravillosos cuando iba a la universidad y quería saber dónde estaban mis amigos. No había celulares y reunirnos todos requería una metódica planeación.
La inseguridad no era un problema tan acentuado, por lo que gritar a los cuatro vientos dónde estábamos no habría sido tan mala idea.
Hoy muchos universitarios lo usan de esa manera y para ellos el problema de la privacidad parece ser secundario. ¿Entonces por qué nos angustia a nosotros?
Probablemente porque somos animales de costumbres y los cambios nos ponen en alerta. Quizá porque entre una guerra fría y la revolución tecnológica la paranoia se haya impuesto. O tal vez porque somos increíblemente sensatos.
Es probable que nos resistamos a que empresas e individuos usen esa información para acercarse a nosotros.
Pero no hay que olvidar que hace 30 años el mundo comenzó a cambiar y a muchos nos sorprendió en la infancia. Hoy el mundo está cambiando de nuevo justo cuando comenzábamos a acostumbrarnos a su nueva órbita.
Y tal vez en 30 años miremos hacia atrás y nos dibuje una sonrisa el recordar lo que nos daba miedo en ese lejano otoño del 2010.

BBC