jueves, 16 de septiembre de 2010

Triunfo de ecologistas en Rusia: suspende el Kremlin la tala del bosque de Jimki



En lo que puede considerarse un triunfo de la sociedad civil, el Kremlin abandonó su actitud intolerante y suspendió la tala del bosque de Jimki, en las afueras de esta capital, el tramo más polémico de la autopista de peaje en construcción entre Moscú y San Petersburgo.
El presidente Dimitri Medvediev, en un mensaje desde su video blog, afirmó estar abierto a escuchar propuestas sobre el trazado de la nueva vía sin ocasionar daño al bosque de Jimki, aunque recalcó que la construcción se lleva a cabo con apego a la ley, según dictaminó en marzo pasado la Suprema Corte al rechazar el recurso presentado por varias organizaciones ecologistas.

Desde que el gobierno de Vladimir Putin aprobó el proyecto, en noviembre de 2009, surgió de manera espontánea el Movimiento en Defensa del Bosque de Jimki que se opuso a la tala de árboles en una superficie de 150 hectáreas.

Encabezados por la joven Yevgueniya Chirikova, los activistas trataron de convencer a las autoridades de Jimki de que impidieran que se cometa ese "crimen imperdonable" contra la naturaleza.

Pero éstas –lejos de hacerlo– se convirtieron en los más acérrimos promotores de abrir una brecha de 100 metros de ancho a través del bosque, por los beneficios económicos que generarían los centros comerciales, restaurantes, gasolineras y establecimientos similares en ese tramo de la autopista.

Los activistas, con el apoyo de numerosos habitantes de Jimki y luego de la oposición no parlamentaria, instalaron un campamento en el bosque y, mediante plantones día y noche, lograron varias veces detener que las máquinas derribaran los árboles.

Nada los detuvo en su empeño de defender el bosque: ni las amenazas, ni la policía que los dispersó con violencia en reiteradas ocasiones ni el ataque que sufrió el campamento, en julio, por golpeadores enmascarados que, trascendió, contrató la constructora.

En respuesta, militantes de grupos opositores radicales causaron destrozos en la sede de la alcaldía de Jimki, lo que sirvió a las autoridades para inculpar a los defensores del bosque en un intento de endosarles la responsabilidad.

Con los incendios que arrasaron un millón de hectáreas forestales, en cálculos oficiales –y 10 millones, según grupos ecologistas–, el movimiento que lidera Chirikova se fortaleció aún más.

Destacados intelectuales y artistas se solidarizaron con la defensa del bosque y, el fin de semana anterior, se llevó a cabo un concierto muy concurrido bajo el lema de impedir la tala de árboles.

Durante meses, el partido oficialista Rusia Unida, que preside el primer ministro Putin, guardó silencio sobre las protestas en Jimki y, sólo cuando concluyó que la situación podría derivar en un problema mayor, reconoció que es necesario "estudiar más detenidamente" el proyecto de autopista e "introducir algunos cambios".

Ahora, pretende incluso encabezar la causa ecologista, relegando a segundo plano al Movimiento en Defensa del Bosque de Jimki. Rusia Unida quiere organizar un debate sobre la autopista, en el que quedarán excluidos "los provocadores y los revoltosos".

La alcaldía de Jimki será la encargada de seleccionar a los participantes, mientras reúne firmas en favor del proyecto original entre empleados de dependencias públicas y pequeños empresarios cuyos negocios dependen de las autoridades locales.

Entretanto, Putin consideró "indispensable" para la economía rusa construir la nueva autopista entre Moscú y San Petersburgo.

"Siempre hay un conflicto entre el desarrollo económico y la protección del medio ambiente", agregó, y dio a entender que el gobierno tomará en cuenta la opinión de los expertos.




Fuente: La Jornada