sábado, 11 de septiembre de 2010

La promiscuidad acorta la vida





Ya vimos que el gorrión pantanero, el ave más promíscua del mundo, necesita copular a diestro y siniestro. La vida en las marismas es muy dura para este pío pío, y su ligoteo poco tiene que ver con la dolce vita. Su objetivo es, simplemente, la supervivencia de la especie. Pero éste no es el caso de la mayoría de los vertebrados, para los que ejercer de playboy puede tener un alto precio: una muerte temprana.
Living la vida loca no rima con la palabra longevidad. Todo lo contrario. De acuerdo con un nuevo estudio publicado en la resvista Journal of Evolutionary Biology, morir joven es el destino más probable para muchos aficionados a perseguir a las hembras. Para llegar a esta conclusión, investigadores del Centro de Investigación de la Ecología y la Evolución de la University of New South Wales (UNSW), en Australia, llevaron a cabo el primer estudio realizado con animales vertebrados que analiza el coste vital de la reproducción masculina.
Las pruebas consistieron en observar el comportamiento de unos peces tropicales, comprobándose que los machos que perseguían a las hembras perdían un tiempo necesario para buscar alimentos. Consecuencia: éstos crecieron más lentamente, y tuvieron un tamaño más pequeño de adultos, muriendo más pronto también.
Por el contrario, los hombres que se centraban en una única hembra, comían regularmente, crecieron más y de forma más continuada durante toda su vida, con el resultado de vivir más tiempo.
En palabras de Alex Jordan, un estudiante de doctorado, que participó en el estudio bajo la dirección del profesor Rob Brooks:
Los costos de la promiscuidad para los machos implicados son considerables, revelan una limitación natural en la conducta promiscua, no descrita hasta ahora en los vertebrados: Tal vez los que desean una vida más promiscua puedan ver esto como una advertencia. A pesar de la promiscuidad tiene sus ventajas, los inconvenientes podrían ser demasiado grandes a largo plazo. (Traducción libre)

Vía | sciencealert.com.au
Fotografía | Ed Yourdon