Por cada dólar para cuidar la naturaleza, gastamos 30 en destruirla: la cifra que explica todo

La financiación para la naturaleza revela un desequilibrio crítico: billones impulsan destrucción ambiental mientras la protección recibe recursos mínimos: La financiación para la naturaleza no es solo un tema de economistas o políticos: es una de las claves ocultas detrás de la crisis climática que ya padeceLa financiación para la naturaleza revela un desequilibrio crítico: billones impulsan destrucción ambiental mientras la protección recibe recursos mínimos.mos. Un reciente informe de la ONU reveló una cifra que sacude cualquier esperanza verde: por cada dólar destinado a proteger el planeta, se gastan treinta en destruirlo. En un mundo que habla de sostenibilidad, los flujos de dinero cuentan una historia muy distinta.

por Carolina Gutiérrez Argüelles

Financiación para la naturaleza: el gran desequilibrio global
El informe Estado de la Financiación para la Naturaleza 2026, presentado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), pone los números sobre la mesa sin rodeos. En 2023, el mundo destinó 7,3 billones de dólares a actividades que degradan ecosistemas: combustibles fósiles, agricultura intensiva, industria pesada y uso desmedido de recursos naturales. En contraste, apenas 220.000 millones de dólares fueron a parar a las llamadas Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN).

La proporción es brutal: 30 a 1. Mientras se financian discursos verdes, el dinero real sigue empujando un modelo que erosiona bosques, océanos y suelos. Este desequilibrio hace que frenar la crisis climática global sea casi imposible, por más avances tecnológicos o compromisos públicos que se anuncien cada año.
¿Quiénes mueven el dinero que daña al planeta?

El informe identifica con claridad a los principales responsables. Cerca de 4,9 billones de dólares provienen de inversiones privadas en sectores como energía, servicios públicos, industria y materiales básicos. A esto se suman 2,4 billones en subsidios públicos perjudiciales, especialmente en combustibles fósiles, agricultura industrial, transporte y uso del agua.

Aquí aparece una de las contradicciones más grandes del sistema actual: los gobiernos financian proyectos de restauración ambiental mientras, al mismo tiempo, subvencionan actividades que aceleran la destrucción. Es como intentar apagar un incendio con una mano mientras con la otra se lanza gasolina. El resultado es un planeta cada vez más frágil y un sistema económico que sigue premiando el daño ambiental.
Soluciones basadas en la naturaleza: poco dinero, mucho impacto
Las soluciones basadas en la naturaleza incluyen acciones como restaurar manglares, reverdecer ciudades, proteger bosques, impulsar agricultura regenerativa o integrar corredores biológicos en infraestructuras. No son ideas románticas: la ONU subraya que estas soluciones generan resiliencia climática, bienestar social y beneficios económicos a largo plazo.

Aun así, reciben una fracción mínima de la inversión necesaria. Según el PNUMA, para cumplir metas globales como el Acuerdo de París o el Convenio sobre la Diversidad Biológica, la financiación positiva debería multiplicarse por 2,5 y alcanzar 571.000 millones de dólares anuales para 2030. Hoy, estamos muy lejos de ese escenario, pese a que la ciencia y los datos ya demostraron que estas soluciones funcionan.
¿Se puede cambiar el rumbo de la financiación para la naturaleza?
La ONU es clara: sí, pero no con ajustes superficiales. El cambio pasa por redirigir subsidios dañinos, crear incentivos reales para el capital privado y reformar la forma en que se evalúa el crecimiento económico. Sectores como la agricultura regenerativa, la silvicultura sostenible, los créditos de carbono y biodiversidad o los bonos vinculados a la naturaleza tienen un enorme potencial si reciben las reglas adecuadas.
El informe también destaca que el 90 % de la inversión positiva actual proviene de fondos públicos, lo que muestra una gran oportunidad para que el sector privado deje de ser parte del problema y se convierta en parte de la solución. Cambiar el flujo del dinero no significa frenar el desarrollo, sino redefinirlo para que no destruya el planeta del que depende.

La financiación para la naturaleza revela una verdad incómoda: el mundo no enfrenta una falta de soluciones, sino una mala asignación del dinero. Mientras millones se invierten en restaurar ecosistemas, billones siguen financiando su destrucción. Cambiar este desequilibrio podría marcar la diferencia entre un planeta resiliente o uno al borde del colapso. La pregunta ya no es si sabemos qué hacer, sino cuánto tiempo más seguiremos financiando nuestra propia crisis. 

Fuente: https://ecoosfera.com

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