El cambio climático hizo 20 veces más probables las condiciones de los incendios en España

Desde principios de julio, España y Francia sufren una sucesión de incendios que se ha cobrado la vida de tres personas, han arrasado miles de hogares y han obligado a evacuar a más de 300.000 personas. El origen del fuego suele estar en la acción humana –una chispa de maquinaria pesada, un coche que arde–, pero el cambio climático ha creado las condiciones meteorológicas perfectas para que los incendios sean cada vez más incontrolables, impredecibles y difíciles de apagar.

Eduardo Robayna

Este viernes, se ha publicado un nuevo estudio realizado por el World Weather Attribution (WWA) –expertos en estudiar la influencia del cambio climático en un evento extremo– que confirma que el cambio climático inducido por la actividad humana ha incrementado drásticamente la probabilidad de que se den las condiciones para estos incendios tan extremos. En concreto, este riesgo se ha duplicado como mínimo en el suroeste de Francia y se ha multiplicado por 20 en el centro de España. Aun así, los científicos consideran que son cifras conservadoras.
Este patrón destructivo no es un hecho aislado. En las últimas semanas, la propia WWA ha publicado análisis que muestran que tanto las olas de calor de junio como la sequía que afecta actualmente a Europa han sido impulsadas directamente por el cambio climático. El vínculo entre el calentamiento global y la vulnerabilidad de nuestros bosques es una advertencia recurrente: ya en septiembre de 2025, el equipo concluyó que el cambio climático había empeorado los incendios forestales del año anterior en España y Portugal, una conclusión a la que también llegó otro análisis centrado en la temporada de incendios de 2025.
La magnitud de las llamas de estas últimas semanas ha sido tal que, en algunos casos, los incendios han llegado a crear sus propios sistemas meteorológicos, complicando drásticamente las labores de extinción. En España se han quemado más de 160.000 hectáreas solo en julio, y más de 200.000 desde que empezó el año, según datos del sistema europeo EFFIS. En Francia llevan más de 90.000 hectáreas calcinadas, la cifra más alta desde que hay registros.
El «efecto latigazo»: del invierno lluvioso a la primavera seca y cálida
Para comprender la ferocidad de estos incendios, el equipo del WWA analizó el Índice de Severidad Diaria (DSR, por sus siglas en inglés), una métrica que incorpora y evalúa las condiciones de calor, sequedad y viento para reflejar la dificultad de sofocar un fuego una vez iniciado.
Lo que han hallado es un patrón cada vez más habitual y peligroso en Europa occidental: el «latigazo meteorológico«. El año 2026 comenzó con un enero inusualmente húmedo en España —el más lluvioso del último cuarto de siglo—, lo que fomentó un crecimiento desmesurado de la biomasa vegetal. Sin embargo, a este periodo de lluvias le siguió una primavera marcada por una sequedad anómala y olas de calor prematuras.
Esta secuencia temporal hizo que la vegetación crecida se secara rápidamente debido a la alta demanda evaporativa de la atmósfera, convirtiendo bosques enteros en enormes depósitos de combustible altamente inflamable. En el clima actual, los científicos de la WWA advierten de que episodios de fuego de esta intensidad ocurren con una frecuencia de una vez cada 20 años en el suroeste francés y una vez cada 6 años en el centro de España.
El factor humano y la gestión del paisaje
Aunque el calentamiento global ha puesto el termómetro y la extrema sequedad, la estructura del territorio ha actuado como acelerante. En la región francesa de Nueva Aquitania (Gironde y las Landas), el fuego encontró un ecosistema perfecto para su rápida propagación, con más de 800.000 hectáreas de monocultivos de pino marítimo gestionados de forma intensiva. La abundancia de hojarasca y la continuidad de las copas de los árboles permitieron que las llamas se extendieran con extrema rapidez, calcinando unas 40.000 hectáreas en el que ya es el segundo incendio más grande registrado en Francia desde la Segunda Guerra Mundial.
En el territorio español, el abandono de las tierras rurales en favor de la urbanización ha provocado un severo aumento de la densidad forestal. Grandes fuegos, como el originado cerca de Ávila (el que es ya el mayor incendio de la historia de España), o los de Madrid, Toledo y Guadalajara, se propagaron con violencia por zonas con gran acumulación de matorral. Además, la expansión urbana hacia la interfaz forestal aumentó drásticamente la exposición poblacional, forzando evacuaciones en plena temporada turística y complicando las labores de rescate.
Una crisis de salud pública por el humo
La combustión del fuego ha liberado cantidades masivas de contaminantes a la atmósfera, generando una crisis de salud pública de primera magnitud. En Francia, las emisiones de carbono procedentes de estos incendios rozaron las 300 kilotoneladas diarias en julio, un volumen tan alto que ya ha superado los devastadores registros anuales de los años 2022 y 2003.
En Burdeos, la concentración de partículas finas (PM2.5) alcanzó picos horarios de 341 microgramos por metro cúbico, una cifra 20 veces por encima del límite de lo que se considera una calidad de aire «razonable» en Europa.
Las condiciones de extrema toxicidad se llegaron a notar hasta a 400 kilómetros de distancia de los focos. La gravedad de la situación llevó al gobierno francés, por primera vez durante un episodio de contaminación ambiental, a movilizar su reserva estratégica nacional de mascarillas FFP2 para distribuirlas en farmacias locales.
En España, cerca de 100.000 personas recibieron avisos para permanecer confinadas en sus domicilios. Localidades madrileñas como San Martín de Valdeiglesias y Villa del Prado sufrieron un encierro preventivo entre el 24 y el 28 de julio, al registrar niveles medios diarios de partículas de alta toxicidad superiores a 100 microgramos por metro cúbico (µg/m³).
El límite de la adaptación
Desde el WWA son tajantes respecto a lo que esto significa para el futuro inmediato. «Lo que estamos viendo en Francia y España no es mala suerte, es una señal clara de los crecientes impactos del calentamiento antropogénico», subraya Clair Barnes, investigadora del Imperial College de Londres.
La doctora Friederike Otto, responsable del WWA, recuerda que el clima europeo está cambiando mucho más rápido de lo que los gobiernos son capaces de adaptarse, y que este desastre está siendo impulsado directamente por la quema continuada de combustibles fósiles. Por ello, insisten que mientras la humanidad siga sobrecalentando el planeta, las condiciones se volverán aún más peligrosas y los megaincendios más letales. Así, advierten que, si bien la prevención forestal y el aumento de la capacidad de respuesta son vitales, existe un límite evidente para la adaptación.

Fuente: https://climatica.coop/cambio-climatico-incendios-espana-francia/ Imagen de portada: Incendio de Sierra Oeste, Madrid. Foto: UME-OCP.

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