Patagonia argentina: Científicas de Esquel revelan cómo los incendios afectan la calidad del agua en la Cordillera
Un estudio liderado por Cecilia Brand y Yanina Assef reveló que los incendios forestales provocan alteraciones químicas y biológicas en el agua de la cordillera que persisten de manera sostenida hasta cinco años después del siniestro.
Cuando el fuego se apaga en los bosques de la Patagonia, la atención suele disiparse entre los troncos quemados y los planes de reforestación. Sin embargo, debajo de la superficie, los ecosistemas acuáticos inician su propia y silenciosa crisis.
Un exhaustivo estudio liderado por las científicas Cecilia Brand y Yanina Assef, investigadoras del Centro de Investigación Esquel de Montaña y Estepa Patagónica (CIEMEP), reveló que los incendios forestales provocan alteraciones químicas y biológicas en el agua de la cordillera que persisten de manera sostenida hasta cinco años después del siniestro.
El trabajo, que comenzó tras el trágico incendio de Las Golondrinas en 2021 y se extendió a los recientes focos en el Parque Nacional Los Alerces, enciende una alarma sobre la necesidad de monitorear el agua de consumo, incluso cuando esta recupera su emblemático aspecto cristalino.
“Nació de una pregunta asociada a los incendios, pero no enfocada tanto a la vegetación o al bosque, sino a qué es lo que pasaba en los ecosistemas acuáticos y, en particular, pensando en la calidad del agua“, explicó Cecilia Brand, señalando que en la región existían muy pocos datos sobre este fenómeno.
A lo largo del monitoreo —que hoy ya abarca entre 15 y 17 arroyos de la cuenca del Lago Puelo y del río Futaleufú—, las científicas detectaron dos fases críticas en la química del agua:
Primeros meses post-fuego: El agua experimenta un incremento drástico de la turbidez, aumenta la cantidad de sólidos disueltos y se disparan los niveles de fosfatos (compuestos con fósforo).
Efecto a largo plazo (de 3 a 5 años): Aunque el fósforo disminuye a los pocos meses, los compuestos nitrogenados registran un aumento sostenido en el tiempo. Esto ocurre porque la vegetación de la costa del río se destruyó y ya no puede absorber los nutrientes, provocando que cada lluvia arrastre estos compuestos directamente al agua.
Las investigadoras aclararon que el incremento de estos nutrientes no alcanza niveles tóxicos directos para el organismo humano. Sin embargo, el verdadero riesgo es indirecto y biológico.
“Puede haber un cambio en la comunidad microbiana y generar un aumento de bacterias y algas en el agua; ahí sí sería importante tener cuidado si esa agua se consume, tener la precaución de clorar o filtrar“, advirtió Yanina Assef.
Las científicas hicieron especial hincapié en que este peligro no es visible a simple vista: “Hay que tener en cuenta que esto puede ocurrir años más tarde, no solamente en el período inmediatamente posterior al incendio. Cuando el agua vuelve a ser cristalina, hay que seguir monitoreando”.
UN LLAMADO A LA ACCIÓN HUMANA
El grupo de investigación del CIEMEP cuenta con una valiosa base de datos de más de 20 años estudiando los ríos de la región, lo que les permite comparar con precisión científica el “antes y después” de los ecosistemas degradados. Desde el organismo alertan que el fuego no actúa solo, sino que se suma a otras presiones humanas.
“A los incendios le sumamos descarga de efluentes, actividades agropecuarias y uso de fertilizantes o pesticidas. La sumatoria es la que empieza a preocupar”
Al no existir tratamientos científicos para limpiar químicamente una cuenca completa, la única alternativa es mitigar el resto de las actividades. Como ejemplo práctico, sugirieron que los productores ganaderos alejen el ganado de las riberas para evitar que los desechos de los animales aceleren la degradación del recurso hídrico, el cual es cada vez más escaso.
Frente a este panorama, las científicas ya se encuentran trabajando de forma articulada con el área de Conservación del Parque Nacional Los Alerces para delinear pautas de manejo con los pobladores, difundiendo infografías y participando en audiencias de los Concejos Deliberantes para que las comunas ejecuten planes operativos de contingencia y control bacteriológico del agua.
Fuente: EQS Notas


