‘Amor apocalipsis’: que el fin del mundo nos pille amando
La canadiense Anne Émond firma una comedia romántica sobre la ecoansiedad. Oscilando entre la gravedad y la risa, la película hace un retrato psicológico bastante certero de nuestra sociedad: angustiada, paralizada y desesperada por hallar soluciones, tanto individuales como planetarias: «Somos las cucarachas del mundo», dice Adam, entre indignado y mohíno, a su psiquiatra. Es una nueva versión del ya conocido «somos el meteorito», sólo que más degradante.
Manuel Ligero
Adam es un hombre de mediana edad que suma a su propia depresión vital una ecoansiedad paralizante. Es dueño de una pequeña perrera perdida en los bosques canadienses y no entiende el sentido de su vida. Su familia tampoco ayuda: lo definen sin rodeos y en su cara como un tipo «sin novia, sin coche, sin dinero». A lo que hay que añadir «sin esperanza» en un mundo al borde del desastre. ¿Dónde encontrar la salvación? Pues donde siempre: en el amor.
Amor apocalipsis es una comedia que se mueve entre la incomodidad, la pesadumbre y la ternura. Anne Émond, su directora, ha encontrado un equilibrio perfecto entre todos estos tonos para hacer un retrato psicológico de nuestra sociedad. Podría haber sido, con justicia, un retrato atroz e inmisericorde, pero Émond arroja sobre sus personajes una mirada benevolente. Expone sus traumas con sorna, pero también con dulzura. Y hace bien. Como Adam, todos estamos un poco perdidos en este momento. Sufrimos por un montón de causas, propias y ajenas. Tampoco se trata de flagelarnos más de lo que ya lo hacemos.
Esta comedia romántica destaca por tocar el tema de la angustia climática (poco tratado en los medios y menos aún en el cine) con la distancia irónica exacta para reírnos de él sin quitarle un ápice de importancia. Difícil, ¿eh? Pues Émond lo consigue gracias a un reparto en estado de gracia encabezado por Patrick Hivon y Piper Perabo. El primero encarna a Adam, el hombre débil; la segunda a Tina, la mujer harta. Más actual imposible. Un embarazoso malentendido con el prospecto de un artilugio pseudocientífico (una lámpara de luminoterapia) unirá sus destinos.
La película ahonda desde el humor en el concepto de solastalgia, el estrés mental producido por el deterioro del paisaje que nos rodea. Esto es particularmente significativo en el caso de Canadá, un país que ha sufrido decenas de megaincendios en los últimos años. Los que se desataron en las provincias del este en 2023, por ejemplo, cubrieron de humo la ciudad de Nueva York, a casi 500 kilómetros de la frontera. En América, los fenómenos naturales son así, tienen una dimensión desaforada. Y en consecuencia, los efectos del cambio climático también.
El pico de todo
El título en inglés de esta película bilingüe es Peak Everything y hace referencia al concepto de «punto de no retorno» que el capitalismo fósil nos ha empujado a cruzar. Se supone que estamos cerca de alcanzar el pico del petróleo, el pico del agua dulce, el pico de la tierra, el pico de la contaminación atmosférica, el pico de la biodiversidad… En definitiva, el pico de todo. ¿Qué alternativa nos queda? Adam y Tina –la directora también juega con el acrónimo thatcheriano TINA: there is no alternative— nos enseñan que, independientemente de cuál sea el futuro del planeta (que ciertamente no presenta signos muy halagüeños), la alternativa es cuidar y cuidarnos. Sobreponernos a la epidemia de soledad que sufrimos y conectar los unos con los otros. Trabajar en comunidad para proteger aquello que tenemos más cerca, nuestros seres queridos y nuestros paisajes queridos. Y si, por culpa de los criminales climáticos (conviene no perder nunca de vista a los verdaderos responsables de este desastre), llega el fin del mundo, que nos pille amando. En el sentido más amplio del término.
Fuente: https://climatica.coop/amor-apocalipsis/ - Imagen de portada: Piper Perabo (izda.) y Patrick Hivon en una escena de ‘Amor apocalipsis’. Foto: VÉRTIGO FILMS
