Argentina / Con un cinismo extraordinario, el oficialismo denomina al proyecto que se tratará en el Senado como “Inviolabilidad de la Propiedad Privada”.
En torno a ese título, podría decirse que los Milei sufrieron una derrota comunicacional. Pequeña, pero firme y derrota al fin. La instalación pública del asunto -entendiéndose por “pública” su rebote y renuencia en ámbitos políticos y sociales determinados- quedó fijada en que se abordará el regalo definitivo de los suelos a capitales foráneos. En la práctica, alrededor del 5 por ciento del territorio argentino ya está en manos extranjeras. En superficie, eso supera los 13 millones de hectáreas y es el equivalente a la extensión de Inglaterra. Ese dato no es, sin embargo, el más impactante. La verdadera dimensión del fenómeno aparece al bajar la escala por departamento, o al cruzarla con la ubicación de cursos de agua, acuíferos y zonas con potencial minero.
Por Eduardo Aliverti
Las cifras que agrega el Observatorio de Tierras son neurálgicas. Existen 36 departamentos que ya exceden el límite fijado por la ley que el Gobierno pretende derogar. Y hay cuatro casos con una extranjerización superior al 50 por ciento: Lácar, en Neuquén; General Lamadrid, en La Rioja; Molinos y San Carlos, en Salta. Todos ellos concentran bienes estratégicos, como agua dulce y recursos minerales. Iguazú, en Misiones; Ituzaingó y Berón de Astrada, en Corrientes; Campana, en Buenos Aires, superan con amplitud el 30 por ciento de su extensión en manos extranjeras. Todas son localidades sobre el río Paraná, que es la principal vía fluvial navegable del país.
Así, como añade la documentación del Observatorio, el patrón es claro: las situaciones más críticas se dan en zonas fronterizas –tanto en el norte como en la cordillera- y en territorios con recursos hídricos y mineros. O ventajas logísticas, como puertos.
A eso debe agregarse que es muy difícil la trazabilidad exacta del origen de los fondos que, en alrededor de un millón de hectáreas, proviene de paraísos fiscales con el obvio anexo de lavado de dinero y penetración del narcotráfico.
Aunque ya no parezca mentira, la ¿extravagancia? libertarista consiste en acentuar que ni tan apenas haya algún freno en este proceso cuya suba, desde ya, se realzó durante el menemato. El ultrismo actual simplemente elimina toda cortapisa.
En países como Australia y Canadá rigen desregulaciones sobre la tenencia de la tierra con, claro, el pequeño detalle de que forman parte del mundo desarrollado. Eso significa fuerte control sobre la función social del uso del suelo y catastros perfectamente diseñados.
Algunos trastornados incluyen en la lista de desreguladores al Reino Unido, como si todas sus tierras no fueran finalmente propiedad de la Corona. Entre nosotros, la realeza de Los Hermanos no se reserva ese privilegio.
Habrá de verse si, el jueves próximo, la movilización prevista frente al Congreso impide o posterga otra cipayada de senadores con principios fluctuantes y bolsillos sensibles que, vaya, en no pocos casos representan a las provincias donde justamente se juega el partido principal.
Fuente: Fragmento de un editorial de Eduardo Aliverti. Para leer la nota entera: https://www.pagina12.com.ar/2026/08/02/una-oposicion-cada-dia-mas-desafiada/
