Trump, el último eslabón de 34 años de inoperancia y negacionismo climático

«Mi campo de golf se ha vuelto naranja, como yo! Pero no es calentamiento Global!»
 

Hoy leo a la activista feminista y LGTB chicana Cherríe Moraga (de su libro “La última generación”, de 2007): «y el rechazo evidente de los Estados Unidos a comprometerse a proteger el medio ambiente en la Cumbre de la Tierra en Brasil»1. Me parece esclarecedor y, por ello, tristísimo y trágico. Porque esa Cumbre a la que se refiere Moraga fue en… 1992!!! (Fatídica y significante fecha también, 1992). Sí, fue hace 34 años. Fue la primera cumbre por la crisis ambiental del Planeta, la precursora de todas las COP, Conferencia de las Partes o cumbres del Cambio Climático. Nos tendríamos que remontar 20 años para un primer intento en Suecia en 1972.

Fue en esta misma Cumbre de la Tierra de Río de 1992 cuando se creó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC, de sus siglas en inglés) y el Protocolo de Kioto. Ambas, las principales referencias internacionales para combatir la crisis climática, que YA ENTONCES (1992) se preveía desastrosa. Esos son los tratados y organizaciones de las que Trump ahora ha salido2.

George Bush senior en la Cumbre de Rio de 1992

George Bush padre: el inicio del negacionismo
Como dice Moraga, ya entonces los Estados Unidos rehusaron contribuir, y esa ha sido la tónica (con alguna salvedad, aunque siempre tímida, siempre insuficiente para rectificar los despropósitos previos). Entonces, en la Cumbre de la Tierra, Bush Padre era visto «como un obstáculo para el medio ambiente a nivel global»3. Ya entonces, en 1992, hace 34 años, el foco era firmar un tratado para limitar las emisiones de dióxido de carbono. Pero ya entonces, George Bush, representado a EEUU, se opuso firmar calendarios para reducirlas y a firmar un tratado para proteger la flora y la fauna. Mientras, otros dirigentes como el canciller alemán Helmut Kohl se comprometió a acelerar la reducción de sus emisiones de dióxido de carbono entre un 25% y un 30% para el año 2005, y el primer ministro británico John Major solicitó que se incrementara el fondo del Banco Mundial para la ayuda ambiental de 1.300 millones de dólares a 3.300 millones, y la Comunidad Europea, también se comprometió con 4.000 millones a cubrir a los objetivos de la cumbre.
Haciendo gala de una altanería que hoy en día nos resultará muy familiar, George Bush se dirigió a los otros 172 dirigentes globales en 1992 en Rio diciendo: «El historial de Estados Unidos en protección ambiental es insuperable, así que no vine aquí a disculparme».4 Bush fue objeto de críticas por parte de países pobres que exigían que EEUU aportara más fondos para financiar programas de protección ambiental. Como vemos, la cosa no ha cambiado mucho.
Esta cumbre se celebró después de la Guerra del Golfo (previa a la de de Iraq) de 1990. En ella EEUU y fuerzas aliadas lucharon contra Iraq por su invasión de Kuwait. Pero como se desprende de las directivas de la Casa Blanca de entonces, el verdadero interés era, como ahora con Venezuela, recuperar un acceso al petróleo a través de un gobierno “amigo” (Kuwait): «Los intereses de Estados Unidos en el Golfo Pérsico son vitales para la seguridad nacional».5 Ese año se sufrió una crisis petrolera.

George H.W. Bush, firmando la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Río de Janeiro el 12 de junio de 1992.

Irónicamente, antes de ser nombrado presidente, George Bush padre se había significado por políticas en torno a la lluvia ácida y asumió el cambio climático, que por aquel entonces fue alertado por científicos estadounidenses incluida la NASA. En su campaña electoral en 1988 anunció «En mi primer año de mandato, convocaré una conferencia mundial sobre el medio ambiente en la Casa Blanca»6. En aquella campaña se reafirmó «Quienes creen que somos impotentes para hacer algo contra el efecto invernadero olvidan el “efecto Casa Blanca”».
Pero tan pronto como Bush asumió el cargo comenzó a trabajar en políticas contrarias. Podemos pensar que es lo que todos los políticos hacen al llegar al poder, o que entonces se encontró con que sus planteamientos chocaban con los intereses reales y con quienes ostentaban realmente el poder en EEUU. Pero sea como sea, ahí empezó el negacionismo climático del gobierno de EEUU. Bush no convocó una conferencia mundial sobre el medio ambiente, sino que, como sabemos, en la que fue organizada torpedeó las propuestas climáticas.
¿Qué podemos decir de su hijo? Como Trump ahora y todos los demás antes, la campaña electoral de George Bush hijo (2001-2009) fue también financiada principalmente por la gigante petrolera Enron, pero también por la industria del carbón, que contribuyó con más de 250.000 dólares. Para 2003, con Bush en el poder, el carbón volvía a reinar en el sistema energético estadounidense.

Severn Cullis-Suzuki se dirige a asistentes a la Cumbre de Rio como ahora lo hace Greta Thunberg

Al igual que su padre, George W. Bush tenía vínculos estrechos con la industria petrolera: una de sus aventuras empresariales fue la creación de la compañía de exploración petrolera Arbusto en 1977. Bush nombró como vicepresidente a Dick Cheney, un exejecutivo de la petrolera Halliburton. Cheney fue también nombrado presidente del Grupo Nacional para el Desarrollo de la Política Energética (NEPDG). El jefe de gabinete del Consejo de Calidad Ambiental del gobierno Bush fue Philip A. Cooney, anteriormente lobbista del Instituto Americano del Petróleo (API). Éste abusó de su poder modificando informes sobre el cambio climático realizados por expertos incluida la Agencia de Protección Ambiental (EPA).

Sin duda, el principal aspecto de la administración Bush (Hijo) en torno s la dependencia fósil fue la guerra de Iraq, que se entendió como una guerra para controlar los recursos petroleros de es país. Una vez tomado el país, esos recursos fueron ofrecidos en licitaciones a empresas petroleras internacionales. Si bien allá las encontramos a todas, la estadounidense EXXON cuenta con la licitación más provechosa. Pero sobre todo EEUU se beneficia del petróleo iraquí a través del Fondo de Desarrollo para Irak (DFI), que recoge todos los beneficios del petroleo iraquí para su reconstrucción y la de Kuwait. Ese fondo se encuentra en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York. En 2021 se completó el pago de la reconstrucción de Kuwait, pero el mecanismo financiero se ha mantenido y dinero iraquí sigue nutriendo el fondo de la Reserva Federal.
La Fundación Clinton también obtuvo financiación de tres gigantes petroleras (Chevron, ConocoPhillips y Exxon) que se estima entre 2,5 y 3 millones de dólares7. Irónicamente, esta fundación trabaja temas de clima, salud y pobreza.

Típica foto de familia de dirigentes en la Cumbre de Rio

El largo camino hasta llegar a Trump
Que el gobierno de los Estados Unidos rechace comprometerse a proteger el medio ambiente por tantas décadas escuece, porque son muchos años. Pero escuece que la mayor potencia mundial (ahora podemos discutir a qué nivel, o en qué sentido) haya estado siempre, tantos años, oponiéndose (activamente) a las propuestas y a las necesidades internacionales. Desde una posición de poder económico, político, militar, hay que recordar. La democracia que predican y exigen a otros gobiernos no se refleja en el plano internacional (en el nacional/local tampoco). Porque mientras, EEUU es actualmente el segundo mayor emisor del mundo, pero a nivel histórico es el mayor emisor mundial.
Y si esa ha sido una constante, con salvedades, todavía ha sido más obvia y sangrante con los gobiernos republicanos, y aún más si cabe ahora con Donald Trump. Antes de ser elegido, Trump ya se declaró como un negacionista del cambio climático. Luego como presidente boicoteó todas las cumbres sin ni tan si quiera participar. Tenemos que tener en cuenta que si los Estados Unidos son la potencia (económico, político, militar) que lo son gracias también a la producción, comercio y consumo de toneladas de combustible fósil, en su territorio y en muchos otros. Eso siempre estuvo patente, desde el golpe de estado de Irán (1953), a las guerras de Iraq (1990, 2003-11), invasión de Libia (2011) a hoy en día (2026) con la operación en Venezuela y la guerra Irán, y otras.
Por ello, debemos tener claro que Trump es todo lo que es y simboliza todo lo que simboliza, pero no es un caso aislado ni algo que surge de la nada: es intrínseco a la esencia, a la política y a la historia estadounidense. Con ciertas características, con ciertas extravagancias, pero fiel a esa política y a esa historia. 

No en vano, ahora se presenta como continuador o recuperador de aquella Doctrina Monroe (Doctrina Donroe ahora, adaptándola a su nombre) que va tan atrás como 1823. Trump es solo un continuador de la política expansionista capitalista estadounidense.

Lo que pasa, además, como ha trascendido estos días, es que Trump es además es un continuador muy beneficiado por esas políticas. Increíble que a una persona con tantos intereses económicos en el país (por ser de los más ricos) se le permita ‘gobernar’. Ahora se ha conocido que Trump ha obtenido aproximadamente 3 mil millones de dólares en ganancias desde su regreso a la presidencia, principalmente a través de inversiones en cripto-monedas y transacciones inmobiliarias internacionales.
En su primera legislatura, Trump invertía en fracking, mientras él era quien decidía si esa política se impulsaba o no, lo que es es inconcebible. Ahora Trump ha renovado los intereses y posibilidades de extracción fósil en la costa de Alaska, lo que además de sus incidencias climáticas, supone una gran amenaza para unos de los ecosistemas más sensibles del Planeta, mejor preservados y hogar del pueblo nativo Gwich’in.

Otra de encorbatados: Trump convoca a petroleras para repartirse petróleo venezolano

Pero ya antes de su elección, Trump representaba a los intereses de los grandes contaminadores climáticos: él mismo solicitó a esa industria mil millones de dólares para su campaña, y así consiguió una financiación, como Bush antes, por la industria del petróleo y el gas de 450 millones de dólares. A cambio les ofreció ventajas en los impuestos y la regulación, y a agilizar fusiones y adquisiciones. Trump, por tanto, se debe a ellos. Sus políticas beneficiarán sus intereses. Sin duda, la invasión de Venezuela, y la toma y el reparto de la industria petrolera venezolana sea el ejemplo más claro del favoritismo para con éste sector. Después, eso también se reflejó en la composición de su gabinete con hasta 40 personas vinculadas al sector de los combustibles fósiles (petróleo, gas o carbón)8.
Trump se ha caracterizado en esta legislatura en torpedear las instituciones internacionales, las políticas e incluso los acuerdos. Como decimos, no es que hasta ahora los EEUU y sus gobernantes anteriores se hubieran caracterizado por respetar los consensos internacionales, pero ahora es más descarado su total desprecio con la salida de esas mismas organizaciones (de muchas de ellas podríamos cuestionar también cuál es su cometido o sus resultados, aunque está claro que no coincidiremos en conclusiones con Trump, ni que esas fueron sus razones). En enero Trump ordenó la salida de los EEUU de 31 organizaciones vinculadas a la ONU9y de 35 organizaciones internacionales no adscritas.
Pero también debemos incluir en esta declaración de intenciones la eliminación de instituciones dentro del propio organigrama y gobierno, como la Oficina de Cambio Global del Departamento de Estado, encargada de negociaciones sobre el cambio climático entre países. Todas sabemos que esta decisión no obedece a recorte de gastos, porque mientras la inversión en oficiales encargados de deportar a personas (ICE) se ha incrementado a niveles estratosféricos (en junio destinó 38.000 millones de dólares adicionales a ICE, sin contar el resto de miles de millones dedicado a toda su política migratoria10).
El 12 de febrero de 2026 Trump anuló la conclusión científica11 de que el cambio climático pone en peligro la salud humana y el medio ambiente (denominada “declaración de riesgo”). Esa es la premisa en la que descansaban las políticas climáticas de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), que durante casi 17 años había introducido normativas que limitaban las emisiones de gases de efecto invernadero (CO2, metano y otros contaminantes). Como consecuencia, eliminaba la necesidad de actuación climática desde el Gobierno federal: 27.000 millones de dólares destinados a subvenciones climáticas y energías limpias de la EPA se destinarán a otros objetivos. En el plano climático, se prevé que esta decisión aumente esas emisiones en EE.UU. en un 10 % durante los próximos 30 años.
Este cambio de paradigma, este negacionismo climático de Trump y los suyos se argumenta desde la burda idea de que los humanos emitimos CO₂ y las plantas respiran ese CO₂, sin reconocer que son los niveles extraordinariamente altos de este elemento (provocados por la industrialización y la combustión de ingentes cantidades de combustibles fósiles) los que son perjudiciales y afectan los procesos naturales.
La cumbre de Rio precursora de tantas otras
La Cumbre de la Tierra de Río de 1992 tuvo su réplica en 2012, con la cumbre Rio+20. Interesante, quizás se nos haya olvidado pero el propio Barack Obama, y presidentes de potencias como Alemania o el Reino Unido no asistieron a esta conferencia alegando crisis económica que afectaba a sus países. Obviamente, su ausencia se interpretó también entonces como una falta de compromiso con la sostenibilidad y con buscar soluciones globales a la crisis ecológica.
Ahora, en 2025, una cumbre del clima (COP) se ha vuelto a celebrar en Brasil, en Belem. Desde aquella Cumbre de Río de 1992 se han celebrado 30 COPs con un resultado más que decepcionante. Pero es que ahora, en esta 30ª COP EEUU, Trump, hasta se negó a acudir!!! Sin el país con más poder, con más emisiones en sus espaldas, negándose a asumir ninguna solución ni restricción, la propia COP carecía de sentido. Esa es, 34 años después la trágica situación.
De todas las COP, la de París de 2015 fue una de las más importantes, con compromisos alcanzados por todos los países. Pero lo primero que hizo Trump al llegar al poder por 1ª vez en 2017 fue retirarse de esos compromisos. En esta 2ª ocasión ha hecho lo mismo, retirando los cerca de 11.000 millones de dólares anuales que la administración Biden había acordado previamente para financiación climática.

Viñeta para Rio +20 de Dragan

Este  noviembre se celebrará en Turquía la COP31, sin que, nuevamente, haya mucha expectativa de obtener resultados positivos, precisamante, por la actitud de EEUU y Trump.
Toneladas de emisiones en las guerras de Trump
Pero tenemos, además, que Trump se ha caracterizado por su gatillo fácil, y, además de sostener a Netanyahu en su destrucción de Gaza y Líbano, en estos dos años de mandato ha llevado acabe un ataque a Venezuela y una guerra contra Irán que supuso reacciones de este gobierno atacando también Israel, Bahrein, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, con los consecuentes impactos ambientales y climáticos.
El científico y divulgador Fernando Valladares denunciaba que en los 3 primeros días de guerra de Irán se emitieron 50 millones de toneladas de CO2. Ya lo denunciamos en «El reCRUDOcimiento». Pero además es toda la energía, todo el combustible derrochado en esos ataques, en la movilización de esos vehículos y armas, y en todos los precedentes (maniobras, entrenamientos) así como en los correspondientes a la fabricación de todo ese armamento, tecnología, vehículos. Por ejemplo, el bombardeo desde un avión F-35 Lightning II conlleva un consumo de 5.600 y 6.500 litros de queroseno en una hora y media y dos horas, lo que supone unas emisiones de entre 14 y 17 toneladas de dióxido de carbono (la misma cantidad que consume un turismo convencional en toda su vida útil!).
La Iniciativa para la Contabilidad de los Gases de Efecto Invernadero en la Guerra (Climate Focus) ha calculado que la invasión de Ucrania por Rusia en 5 años había generado unas emisiones de 311 millones de toneladas de equivalentes de gases de efecto invernadero, mientras que la guerra en Gaza 32 toneladas en dos años.

También lo denunciamos: «El Departamento de Defensa de EEUU es el mayor consumidor de energía del país y el mayor consumidor institucional de petróleo del mundo12;13 Por tanto es el mayor emisor institucional de gases de efecto invernadero: Sólo su huella de carbono excede a la de unos 140 países».

Además de la guerra, otra actividad se ha exacerbado sin tener en cuenta las consecuencias climáticas en el gobierno Trump: las deportaciones de inmigrantes. Éstas, así como toda la logística que precisan (movimientos de agentes, directivos) han hecho una utilización desmedida de vuelos (en muchas ocasiones militares). Lo cierto es que deportar 11 millones de personas conlleva muchas emisiones y mucho dinero. Según Alexandra Villarreal en The Guardian «Las operaciones aéreas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. (ICE) emitieron a la atmósfera unas 335.876 toneladas de CO2 en 2025, lo que supone un aumento del 88 % respecto al año anterior». Como sabemos, esas operaciones se incrementaron exponencialmente desde inicios de 2026. Pero si alguien parte de la negación del cambio climático y está totalmente obsesionado con deportar a personas, este efecto es lo último que se planteará evitar.
Y así llegamos a esta situación
Todo esto también coincide con el junio más cálido en la historia con una ola de calor sin precedentes en Europa en los últimos 10 días del mes, no sólo por sus temperaturas (más de 40º), sino también por su extensión y latitud: Polonia, Reino Unido, Dinamarca, Suiza… Las consecuencias las podemos centrar en las muertes humanas (más de 1300 en Europa; según otras estimaciones unos 2000), pero sabemos que es mucho más y será mucho más.
Estos fenómenos tendrán un efecto en la agricultura y por tanto en nuestra capacidad alimentaria. Pero sobre todo tendrán un impacto en los ecosistemas y con ello también la capacidad natural de hacer frente a tantas adversidades y a temperaturas y fenómenos que crecen de forma exponencial. Como efecto general de ese calor hemos visto también la propagación de incendios, muchos también superando en extensión cualquier desastre anterior.

La elección de Donald Trump en 2024 entendida como un «desastre climático»

El otro efecto del negacionismo de Trump es que sirve de precedente para muchos otros, sobre todo los seguidores de sus políticas, de la misma receta: contamina sin pagar, calienta el Planeta sin pagar… o hasta cobrando por ello. Los casos están por doquier. En el caso español nuevamente la derecha con el PP y Vox, quien evita políticas e inversión climática, sumándolo a sus recortes y a su privatización. Como hemos experimentado, las comunidades en las que gobiernan se han caracterizado por hacer como Trump y eliminar servicios y presupuestos de prevención, como se vivió tristemente durante la DANA valenciana o ahora con los incendios (incluyendo esa misma comunidad!)

Lo dicho tampoco se limita a los EEUU, sino que como sabemos en muchos aspectos el vínculo Unión Europea ha sido estrecho, y de la misma forma, la UE también se caracteriza por políticas imperialistas (una larga historia de imperialismo de sus componentes y luego también en unidad) así como irrespetuosa con el medio ambiente.

Y de igual forma, nos referimos a EEUU como gobierno y como élites, porque el resto de la sociedad se beneficia de muchas formas o a distinto nivel, pero en lineas generales, como en los demás sitios, está obligada a aceptar una serie de políticas, decisiones y abusos. Dentro de esa sociedad amplia, están quienes sufren la exclusión de la forma mayor que se sufre en cualquier país, los que sufren la persecución, y también los que luchan y se resisten a tanto autoritarismo e injusticia en su propio país, como y también nos han demostrado estos años de Trump en el poder esa resistencia al ICE y las deportaciones.

«Aunque no puedo pretender tener su sabiduría, veo mi tarea como la de los antiguos escribas mesoamericanos: hablar a estos tiempos cataclísmicos, exponer el «sueño» del individualismo, el beneficio y el consumo».14
(Cherríe Moraga. “La última generación”, 2007)

 NOTAS
1Cherríe Moraga. La última generación. Las Femineras. Horas y Horas la editorial. 2007. P 30)
2https://www.politico.com/news/2026/01/07/rubio-urges-trump-to-leave-unfccc-0048733
3https://www.nytimes.com/1992/06/05/world/the-earth-summit-white-house-snubs-us-envoy-s-plea-to-sign-rio-treaty.html
4https://www.nytimes.com/1992/06/13/world/the-earth-summit-president-in-rio-defends-his-stand-on-environment.html
5https://irp.fas.org/offdocs/nsd/nsd_45.htm
6https://www.eenews.net/articles/this-is-when-the-gop-turned-away-from-climate-policy/
7 https://act.350.org/sign/clinton-foundation-divest/?r=ES&c=EUz
8https://www.theguardian.com/us-news/2025/oct/08/trump-administration-fossil-fuels-climate
9https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/2026/01/withdrawing-the-united-states-from-international-organizations-conventions-and-treaties-that-are-contrary-to-the-interests-of-the-united-states/
10https://aplaneta.org/fuck-ice-resistiendo-la-mayor-deportacion-de-la-historia-usamericana/
11Trump se cree con tanto poder que sin ser experto ni tener tan si quiera una licenciatura puede cuestionar y anular una conclusión científica!!!
12https://aplaneta.org/2022/04/26/las-guerras-la-peor-devastacion-ambiental
13 Cherríe Moraga. La última generación. Las Femineras. Horas y Horas la editorial. 2007. P 30
Fuente: https://aplaneta.org/trump-pone-el-broche-a-34-anos-de-desproposito/  - Imagen de portada: (Ilustración principal: Txamantxoia / A Planeta:
«Mi campo de golf se ha vuelto naranja, como yo! Pero no es calentamiento Global!»)

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