La locura de normalizar la muerte masiva de especies

Hay algo profundamente perturbador en ver morir a miles de animales al mismo tiempo y seguir desplazando el dedo hacia la siguiente noticia. Peces flotando boca arriba en ríos que antes rebosaban vida, bandadas de aves que caen sin explicación aparente, colonias enteras de insectos que simplemente dejan de aparecer. Lo que antes habría generado alarma colectiva hoy se procesa como un titular más. Eso, en sí mismo, es parte del problema.

por Maria Fungi

La diferencia entre lo frecuente y lo normal
Que algo ocurra con regularidad no lo convierte en algo aceptable ni inevitable. La muerte masiva de animales —ya sea por olas de calor extremas, hipoxia en cuerpos de agua, contaminación química o pérdida acelerada de hábitat— no es el estado natural de los ecosistemas. Es una señal de que algo está fallando a una escala que rebasa lo anecdótico.

Los científicos tienen un término para describir este fenómeno de acostumbramiento: shifting baseline syndrome, o síndrome de la línea base cambiante. Cada generación asume que el mundo que heredó es el punto de referencia «normal», sin considerar cuánto se ha perdido ya. Así, lo que para alguien mayor era una abundancia extraordinaria de vida silvestre, para alguien joven simplemente no existe en su marco de referencia. La pérdida se vuelve invisible porque nunca se conoció lo que había antes.
Qué hay detrás de cada muerte masiva
Las causas rara vez son un solo factor. Generalmente se trata de presiones que se acumulan y se amplifican entre sí:
    ▪    Olas de calor: temperaturas extremas superan los umbrales fisiológicos de muchas especies, especialmente las de sangre fría o las que dependen de rangos térmicos estrechos para reproducirse.
    ▪    Desoxigenación del agua: el aumento de la temperatura reduce la capacidad del agua para retener oxígeno disuelto, lo que provoca zonas muertas donde los peces y otros organismos acuáticos literalmente se asfixian.
    ▪    Contaminación: agroquímicos, plásticos, metales pesados y aguas residuales degradan la calidad del hábitat y debilitan los sistemas inmunes de los animales, haciéndolos más vulnerables a enfermedades y estrés ambiental.
    ▪    Pérdida y fragmentación de hábitat: cuando los ecosistemas se reducen o se dividen, las poblaciones quedan aisladas, con menos recursos y menos capacidad de adaptarse a perturbaciones.
    ▪    Cambio climático: actúa como multiplicador de todas las amenazas anteriores, alterando ciclos estacionales, patrones de lluvia, disponibilidad de alimento y distribución geográfica de las especies.
Lo que hace especialmente difícil esta crisis es que sus causas son sistémicas. No hay un solo culpable que se pueda señalar y eliminar. Son estructuras económicas, hábitos de consumo y decisiones de política pública entrelazadas.
Por qué nos afecta aunque no lo veamos
La biodiversidad no es un lujo estético. Es la infraestructura que sostiene los sistemas de los que dependemos para comer, respirar y tener agua limpia. Los polinizadores hacen posible gran parte de la producción agrícola. Los peces regulan cadenas tróficas enteras. Los insectos descomponen materia orgánica y fertilizan suelos. Las aves controlan poblaciones de plagas.
Cuando una especie desaparece, no se va sola: arrastra con ella las relaciones que mantenía con decenas de otras especies. Esas pérdidas en cascada pueden ser silenciosas durante un tiempo, pero eventualmente se hacen sentir en la estabilidad de ecosistemas completos, y con ello, en la seguridad alimentaria, la salud pública y la resiliencia climática de las comunidades humanas.
No acostumbrarse es un acto de lucidez
La indignación, bien dirigida, es útil. No se trata de paralizarse frente a cada noticia de mortandad animal, sino de mantener activa la percepción de que esto no debería estar pasando y de que las decisiones individuales, colectivas y políticas tienen peso real en el resultado.
Exigir regulaciones más estrictas sobre contaminantes, apoyar la conservación de ecosistemas locales, reducir la huella de consumo, votar con información sobre políticas ambientales: ninguna de estas acciones es trivial. El primer paso, sin embargo, es no normalizar lo que se ve. Porque el día que dejemos de sorprendernos ante la muerte masiva de animales, habremos perdido algo más que biodiversidad.

Fuente: https://ecoosfera.com/medio-ambiente/por-que-no-normalizar-muerte-masiva-de-especies/

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