Los mares europeos son ya un caldo: enfermedades, danas, insomnio y «un precio que no pagarán los ricos»

Las largas e intensas olas de calor vividas este verano en Europa también llegan al mar y a la vida que alberga. Se han medido temperaturas récord en el Atlántico a lo largo de la costa europea y en el Mediterráneo occidental, con olas de calor marinas desde Irlanda hasta el Mediterráneo. En junio, ha habido anomalías de hasta 6 °C por encima de lo normal en zonas mediterráneas. A nivel global, julio ha sido el mes en que los mares han alcanzado su temperatura superficial más alta jamás registrada. Se trata de episodios de calor extremo –tanto los que se producen dentro como fuera del agua– cuyo detonante es el cambio climático impulsado por la quema de combustibles fósiles.

Eduardo Robayna

Este miércoles, la red científica World Weather Attribution (WWA) ha publicado un nuevo estudio de atribución que analiza las altas temperaturas registradas en los mares europeos. En él, advierte de que las aguas que bañan el continente se están calentando a un ritmo que supera la media global, transformando de forma drástica la naturaleza, los sistemas alimentarios y las comunidades costeras.
Tras analizar cuatro regiones clave –el Mar Céltico, el Golfo de Vizcaya y la Península Ibérica, y las cuencas occidental y oriental del Mediterráneo– combinando observaciones y modelos climáticos, el equipo ha concluido que el cambio climático es el motor indiscutible de esta anomalía térmica. En concreto, aunque en la región céltica los modelos y observaciones muestran tendencias similares, en las demás zonas las observaciones superan las previsiones de los modelos. El calentamiento inducido por el ser humano ha añadido, en una estimación conservadora, unos 2 °C de calor adicional al Mediterráneo, superando sustancialmente el nivel de calentamiento global, así como 1,4 °C a la región cantábrica e ibérica y 1,3 °C al Mar Céltico.
La virulencia de esta crisis oceánica no tiene precedentes recientes. Según los datos de la WWA, en este 2026, entre el 80% y el 90% de las aguas del Mediterráneo occidental y de la costa cantábrica e ibérica han experimentado condiciones severas de ola de calor marina. Como era de esperar, existen fuertes tendencias de calentamiento en todas las regiones: en la región céltica el aumento ha sido el más pequeño (1,2 °C), tratándose de un evento que se habría dado una vez cada 100 años en un clima 1,4 °C más frío. Sin embargo, en las otras tres regiones, estos valores habrían sido prácticamente imposibles en un clima preindustrial. Las observaciones apuntan a subidas de 1,5 °C en la costa ibérica y del golfo de Vizcaya, frente a los 3,1 °C del Mediterráneo occidental y 2,6 °C del oriental. «Cada tonelada extra de carbono que emitimos empuja las temperaturas costeras de Europa y sus ecosistemas hacia un territorio inexplorado», explica Thomas Frölicher, profesor de Física Climática y Ambiental de la Universidad de Berna y uno de los autores del estudio.
Bajo la superficie, las consecuencias son devastadoras y empujan a los ecosistemas hacia sus límites biológicos de adaptación. El calor extremo del océano está provocando episodios de mortalidad masiva en especies estructurales o formadoras de hábitats, como corales, macroalgas y esponjas, lo que desencadena impactos en cascada en toda la red trófica. A la vez, se está alterando la distribución de la vida marina: mientras en el Reino Unido los pescadores reportan aumentos repentinos en las poblaciones de pulpos, otras especies se ven forzadas a migrar hacia aguas más septentrionales y frías. Este rápido calentamiento amenaza directamente el futuro de pesquerías fundamentales para las comunidades costeras, abocando al colapso a especies como el bacalao, la caballa o la langosta.
A medida que la población utiliza cada vez más las playas para refrescarse durante las olas de calor terrestres, los cambios en las condiciones marinas plantean serias implicaciones para la salud humana, apuntan los especialistas. El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) ha advertido de un mayor riesgo de enfermedades transmitidas por el agua, como la vibriosis, durante estos períodos prolongados de altas temperaturas. Además, la expansión de zonas con poco oxígeno favorece la proliferación de medusas en detrimento de algunas especies de peces. Esta abundancia de medusas amenaza directamente el turismo costero, provocando en muchos casos el cierre de playas.
Pero el mar no es un compartimento estanco, y las olas de calor marinas retroalimentan el calor que se produce en tierra firme. El agua cálida exacerba directamente el estrés térmico de las poblaciones litorales al disparar las temperaturas nocturnas y la humedad atmosférica. Además, este mar recalentado bombea una humedad extrema a la atmósfera que actúa como combustible perfecto para el desarrollo de tormentas destructivas, como las danas.
Ante este panorama, los científicos coinciden en que la simple mitigación de daños ya no es una opción viable a largo plazo. Retrasar la reducción de emisiones nos acerca peligrosamente a un punto de no retorno biológico. Al analizar estas mismas regiones para un futuro 1,4 °C más cálido (es decir, 2,8 °C de calentamiento global desde la época preindustrial, el nivel esperado para finales de este siglo), la WWA advierte que eventos como los observados en 2026 serían entre 1,3 °C y 1,9 °C más calurosos. Como concluye la doctora Friederike Otto, del Imperial College de Londres y líder de la WWA: «No podemos simplemente adaptarnos para salir de esto. En nuestros océanos y mares puede haber límites muy estrictos para la adaptación. Cuanto más esperemos para alejarnos de los combustibles fósiles, mayor será el precio. Un precio que no pagarán los ricos».

Fuente: https://climatica.coop/temperatura-mares-europeos-verano-2026/ - Imagen de portada: Tormenta eléctrica de verano en Barcelona. Foto: David Canales/NurPhoto.

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