Colombia enfrenta retos en la eliminación gradual de los combustibles fósiles

Cuando Gustavo Petro dijo en 2018 que sustituiría las exportaciones de combustibles fósiles de Colombia por aguacates, su promesa fue recibida en gran medida con burlas y memes. Ocho años después, Petro es presidente y Colombia acaba de ser anfitriona de la primera conferencia internacional sobre la eliminación gradual de los combustibles fósiles. Tuvo lugar en Santa Marta, una ciudad costera del Caribe con una importante industria de exportación de carbón. La elección de este lugar fue una declaración audaz al mundo: Colombia se toma en serio la transición energética.

Isabella Kaminski

La cumbre, que se celebró al margen del proceso de la CMNUCC, no se organizó con el objetivo de obtener compromisos vinculantes de las 57 naciones presentes. Sin embargo, concluyó instando a los gobiernos a elaborar hojas de ruta nacionales para la eliminación gradual. El anuncio de una segunda edición el año que viene en Tuvalu, en Oceanía, con el apoyo de Irlanda, fue recibido con aplausos.
La CMNUCC
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, adoptada en 1992, obliga a sus 198 Estados miembros a estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera en interés de la seguridad humana.
Para Colombia, acoger la conferencia como “coalición de los dispuestos” supone la continuación de un objetivo político; como parte de su campaña presidencial de 2022, Petro prometió no conceder nuevas licencias de exploración de petróleo y gas.
En cierto modo, Colombia tiene una ventaja sobre la mayoría de los países representados en Santa Marta, ya que solo un tercio de su electricidad procede de combustibles fósiles. La mayor parte proviene de la energía hidroeléctrica, complementada por cantidades menores de biocombustibles, energía solar y eólica. Sin embargo, las energías renovables solo cubren una cuarta parte de la demanda energética total de Colombia. Además, la demanda interna de gas está aumentando; este año, hasta una cuarta parte podría proceder de las importaciones.
Con sus compromisos de alto perfil y su condición de primer anfitrión de la Conferencia Internacional para dejar atrás los Combustibles Fósiles, Colombia se ha posicionado a la vanguardia de la agenda global de eliminación gradual. Como tal, su propio progreso en la reducción de su dependencia del carbón, el petróleo y el gas será seguido de cerca, según los expertos. Incluso cuando unas inminentes elecciones presidenciales amenazan con poner palos en las ruedas.
Ambición colombiana
Aunque existe resistencia a los nuevos proyectos de energías renovables —especialmente la eólica— en algunas comunidades colombianas, los expertos explican a Dialogue Earth que, en general, se ven con buenos ojos. La ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia, Irene Vélez Torres, también presenta la eliminación gradual como una medida para apoyar la independencia y la soberanía energéticas nacionales. Estos argumentos han cobrado cada vez más importancia desde que comenzó el conflicto del Golfo.
En vísperas de la cumbre de Santa Marta, el gobierno colombiano anunció una serie de nuevas medidas medioambientales para demostrar su impulso. El Ministerio de Ambiente publicó un borrador de hoja de ruta para la eliminación gradual de los combustibles fósiles a nivel nacional. En él se establecen las formas en que el país podría reducir la demanda de combustibles fósiles en un 90% mediante el rápido despliegue de la energía solar y eólica, la electrificación generalizada, así como inversiones en eficiencia energética y gestión de la demanda.

Generadores eólicos en la costa norte de Colombia, en La Guajira, donde las comunidades locales han manifestado preocupación por los procesos de reubicación, indemnización y consulta que estos proyectos requieren (Imagen: David González / Dialogue Earth)

En noviembre, el gobierno anunció que ya no aprobaría nuevos proyectos de hidrocarburos o minería en la región amazónica del país, que representa el 42% del territorio nacional. En Santa Marta se debatió el concepto de “zonas libres de combustibles fósiles”, es decir, áreas de gran importancia por su ecología, biodiversidad o cultura que se protegen de la exploración.
Andrés Gómez, coordinador para América Latina de la Iniciativa del Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles, afirma que el compromiso de Colombia fue una importante “demostración de voluntad política”.
Sin embargo, cumplir este compromiso puede resultar más difícil, como han demostrado los intentos anteriores de proteger la Amazonía. La débil aplicación de la ley obstaculiza estos esfuerzos.
Los grupos indígenas apoyan firmemente esta medida. Oswaldo Muca, coordinador general de la Organización de los Pueblos Indígenas de la Amazonía Colombiana (Opiac), afirma que los combustibles fósiles amenazan el modo de vida de estas comunidades y los ecosistemas que han protegido durante miles de años. Pero advierte que la transición debe incluir a los pueblos indígenas como socios de pleno derecho en la toma de decisiones: “Para que la transición sea verdaderamente justa, no debe reproducir los mismos modelos de extractivismo ni los impactos sociales y medioambientales de la industria de los combustibles fósiles”.
Dependencia de los combustibles fósiles
Sin embargo, el principal problema de Colombia es desentrañar su actual dependencia económica de las exportaciones de combustibles fósiles. En concreto, el carbón y el petróleo aportan el 10% de su PIB. Como indicio de los riesgos económicos a los que se expone el país, la decisión de Petro de detener la exploración de petróleo y gas provocó la rebaja de la calificación crediticia de Colombia en 2024.
Colombia es el sexto exportador mundial de carbón y el mayor exportador de toda América Central y del Sur. Casi todo procede de las regiones de La Guajira y Cesar, en el norte del país.  Colombia es también un importante exportador de petróleo.

Una mina de carbón a cielo abierto en Cesar, en el norte de Colombia. En su camino hacia la eliminación gradual de los combustibles fósiles, el país debe hacer frente a su posición como sexto exportador mundial de carbón (Imagen: Corporación La Rotativa / The EITI, CC BY SA)

El país está dejando atrás el carbón, pero esto se debe en gran medida a la situación de los mercados internacionales, más que a un plan de abandono deliberado. Los destinos tradicionales de sus exportaciones de carbón en Europa y Estados Unidos se están agotando, y su intento de reorientarse hacia Asia se ve complicado por los elevados costes de transporte y la competencia.
“Es muy caótico”, afirma Paola Yanguas, investigadora de transiciones del Instituto para el Desarrollo Sostenible de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Zúrich (ZHAW). “Está provocando una gran perturbación social en las regiones dependientes de los combustibles fósiles”.
Dicha perturbación quedó patente cuando el gigante minero anglo-suizo Glencore, a través de su filial colombiana Prodeco, cerró de forma repentina dos minas durante la pandemia de la COVID-19. El cierre de La Jagua y Calenturitas, en Cesar, provocó la pérdida de 5.000 puestos de trabajo relacionados en la cercana localidad de La Jagua de Ibirico.
En febrero de 2025, la Corte Constitucional de Colombia dictaminó que los planes de cierre de minas deben involucrar a la comunidad local y obtener su consentimiento antes de ser finalizados.
Esto es un indicio de lo complejo que resulta desentrañar la relación con los combustibles fósiles, pero se han realizado intentos para suavizar el golpe. La Universidad de Magdalena, en Santa Marta, puso en marcha un programa de formación para ayudar a algunos antiguos trabajadores del carbón a reorientarse hacia el trabajo de consultoría en energía limpia. “Pero si nos fijamos en los mineros de bajo nivel, la situación es realmente difícil para ellos”, afirma Yanguas. “No hay mucho que puedan hacer”.
No solo se ven afectados los empleos formales en la minería del carbón. Yanguas señala que toda una economía informal se articula en torno a una mina de carbón, desde los servicios de restauración hasta el trabajo sexual, y esas personas no tienen protección alguna. “¿Te imaginas en Alemania la desaparición de toda la industria automovilística?”, plantea Yanguas. “Tiene un efecto dominó, con muchas oleadas de repercusiones relacionadas entre sí”.
Diversificación
En enero, la autoridad ambiental regional de La Guajira rechazó una solicitud de permiso de una empresa minera. “Esto significa, de hecho, que estamos asistiendo al cierre de la frontera de expansión del carbón en Colombia”, afirma Yanguas. “Dado que la mayoría de los títulos de minería a gran escala expiran en 2034, la cuestión de la diversificación económica, especialmente en Cesar y La Guajira, es más urgente que nunca”.
Existe un reconocimiento de que el país necesita diversificarse. En su intervención en la inauguración de la conferencia de Santa Marta, Torres señaló que el país ha fortalecido otros sectores, entre ellos la producción y el procesamiento de alimentos. “Hemos podido demostrar que esta decisión [de detener la exploración] es viable”, afirmó. Admitió que la presión del impacto fiscal sigue siendo enorme y que el proceso no fue fácil, “pero hemos sido coherentes con la ciencia y con los pueblos”.
Torres señaló que Colombia también había apostado por el turismo, promocionándose como el “País de la belleza” y haciendo hincapié en su famosa biodiversidad. El sector generó una cifra récord de 11.170 millones de dólares en 2025, frente a los 17.400 millones procedentes de las exportaciones de carbón, petróleo y gas. Sin embargo, es poco probable que esto compense por completo los efectos económicos del declive del carbón.
El borrador de la hoja de ruta de Colombia sugiere invertir en hidrógeno verde, biocombustibles y extracción de minerales críticos como “oportunidades de negocio clave en las que Colombia cuenta con una ventaja competitiva significativa”.
Sin duda, el país tiene potencial para pasar de la extracción de combustibles fósiles a la de minerales críticos para tecnologías limpias. Está explorando el potencial del cobre, el níquel, el grafito y los elementos de tierras raras.
Pero los expertos afirman que la expansión minera podría perpetuar las mismas desigualdades socioeconómicas que los combustibles fósiles. Se han denunciado abusos contra los derechos humanos en relación con las minas en Colombia, según el Centro de Empresas y Derechos Humanos, una ONG con sede en el Reino Unido.
Yanguas afirma que es necesario incluir adecuadamente a las personas y las comunidades en el proceso para evitar este resultado.
‘Estamos aquí para ayudar’
Estos sentimientos se repitieron a lo largo de cinco días en Santa Marta. Líderes indígenas, como Muca, advirtieron a los delegados que la transición energética no puede utilizarse como excusa para “saquear” las tierras indígenas.
La conferencia también brindó a las comunidades la oportunidad de expresar su propia opinión, con un espacio para intervenir ante las delegaciones estatales durante su parte de alto nivel, una amplia “Cumbre de los Pueblos” y una cumbre específica para los pueblos indígenas. También hubo una animada marcha por la ciudad que culminó con una concentración en la Plaza de Bolívar.
Aunque Colombia se ha consolidado como líder de la transición energética, su proceso de eliminación gradual a nivel nacional podría verse pronto en peligro. Dentro de unos meses finalizará el mandato presidencial de cuatro años de Petro. Su enfoque para la reorientación de la economía ha sido criticado por algunos de sus oponentes, y al menos un candidato se ha comprometido a “reactivar” la extracción de combustibles fósiles y a promover el fracking.
En un acto celebrado en Santa Marta, el expresidente de Colombia, Juan Manuel Santos, instó a los candidatos políticos a “pensar a largo plazo” y añadió: “Los políticos responsables son aquellos que a veces toman decisiones impopulares, pero correctas”.
En Santa Marta, el fantasma de unas elecciones que amenazan con descarrilar el progreso no logró empañar el ambiente. Entre los asistentes se encontraba una joven activista colombiana contra el fracking llamada Yuvelis Morales Blanco, cuya voz ha cobrado mayor resonancia desde que ganara el Premio Goldman de Medio Ambiente en abril. Afirmó que la sociedad civil está dispuesta a demostrar que una transición justa y territorial es posible: “Estamos aquí para ayudar”.

Fuente: https://dialogue.earth/es/energia/colombia-retos-eliminacion-gradual-combustibles-fosiles/ - Imagen de portada: El presidente colombiano, Gustavo Petro, y su ministra de Ambiente, Irene Vélez Torres, durante la sesión de alto nivel de la Primera Conferencia Internacional para dejar atrás los Combustibles Fósiles, en Santa Marta, el 28 de abril de 2026 (Imagen: Andrea Puentes / Presidencia de Colombia, PDM)

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