Estados Unidos está expulsando bisontes de sus praderas naturales: ¿qué hay detrás del plan?
Estados Unidos busca retirar cientos de bisontes de praderas federales en Montana para devolver el territorio al ganado vacuno, reabriendo un conflicto histórico entre conservación, biodiversidad y producción ganadera.
por Carolina Gutiérrez Argüelles
Durante miles de años, el sonido de las pezuñas de los bisontes marcó el ritmo natural de las Grandes Llanuras de América del Norte. Donde ellos avanzaban, la tierra respiraba distinto: el pasto volvía a crecer con fuerza, las semillas encontraban nuevos caminos y cientos de especies convivían alrededor de su presencia. Hoy, ese movimiento ancestral vuelve a interrumpirse. En 2026, el gobierno de Estados Unidos impulsa el retiro de cientos de bisontes de tierras federales en Montana para devolver esos territorios al uso exclusivo de ganado vacuno. El conflicto parece administrativo, pero debajo de la discusión legal existe algo más profundo: la disputa por el alma de las praderas.
El bisonte: un arquitecto silencioso de la naturaleza
Los bisontes no solo habitan las praderas; las transforman. Los científicos los consideran una especie clave, capaz de modificar ecosistemas completos con su comportamiento. A diferencia del ganado doméstico, los bisontes se desplazan constantemente y pastan de manera irregular, creando un mosaico natural donde distintas plantas pueden crecer y coexistir.
Cada movimiento deja una huella ecológica. Sus pezuñas airean el suelo y ayudan a dispersar semillas a lo largo de kilómetros. Cuando se revuelcan sobre la tierra forman pequeñas depresiones llamadas wallows, espacios que retienen agua temporalmente y se convierten en refugio para insectos, aves y anfibios. En lugares donde habitan bisontes, la biodiversidad vegetal puede aumentar de forma considerable frente a zonas dominadas únicamente por ganado vacuno.
La pradera que Estados Unidos quiere transformar otra vez
La controversia actual ocurre en Phillips County, Montana, donde el Bureau of Land Management (BLM) busca cancelar permisos de pastoreo para cerca de 900 bisontes gestionados por American Prairie, una organización dedicada a restaurar ecosistemas de las Grandes Llanuras. El objetivo del proyecto ha sido recuperar parte del antiguo paisaje norteamericano, permitiendo que los bisontes vuelvan a ocupar territorios abiertos.
La propuesta del gobierno se basa en la Taylor Grazing Act de 1934, una legislación creada para priorizar el uso ganadero de las tierras públicas. Bajo esa lógica, los bisontes son considerados fauna silvestre y no ganado autorizado para producción. El resultado es simbólico: en espacios donde durante siglos caminaron bisontes salvajes, ahora se pretende reinstalar únicamente vacas destinadas a la industria cárnica.
La enfermedad que redefinió el destino de las praderas
Uno de los argumentos más utilizados para justificar el control y retiro de bisontes es la brucelosis, una bacteria que puede provocar abortos en ganado bovino y generar pérdidas económicas. El temor aparece cuando los bisontes abandonan parques protegidos y se acercan a zonas ganaderas. Sin embargo, hasta ahora no existe un solo caso documentado de transmisión directa de brucelosis de bisontes salvajes a ganado en libertad.
Aun así, el riesgo potencial ha servido durante décadas para limitar poblaciones y restringir el movimiento natural de estos animales. En Yellowstone, donde habitan alrededor de 5,300 bisontes —una de las poblaciones más grandes de América del Norte—, el gobierno retira cada año cientos de ejemplares. Algunos son sacrificados y otros transferidos a programas tribales. En ciertas temporadas, la cifra puede alcanzar entre 700 y 1,300 animales eliminados como parte de estrategias de manejo poblacional.
El exterminio que cambió las Grandes Llanuras para siempre
Antes de la expansión colonial, entre 30 y 60 millones de bisontes recorrían Norteamérica. Eran parte fundamental del equilibrio ecológico y de la vida espiritual y material de numerosos pueblos indígenas. Pero durante el siglo XIX, la caza masiva redujo la población hasta dejar apenas 512 ejemplares vivos en 1889. La desaparición no fue accidental. Historiadores documentan que el exterminio del bisonte también funcionó como una estrategia para debilitar a las comunidades nativas que dependían de ellos para sobrevivir.
Al desaparecer los bisontes, desaparecía también una forma de vida. Décadas de conservación permitieron recuperar parcialmente la especie. Hoy existen cerca de 500 mil bisontes en América del Norte, aunque la mayoría vive en ranchos privados destinados a producción de carne. Los verdaderamente salvajes siguen siendo pocos: apenas unos miles sobreviven libres, sin cercas ni manejo intensivo.
La tierra cambia cuando el bisonte desaparece
Las Grandes Llanuras todavía guardan fragmentos del paisaje que alguna vez cubrió buena parte del continente. En esos espacios, los bisontes continúan actuando como guardianes invisibles del equilibrio natural. Su presencia fortalece la resiliencia de los pastizales frente a sequías, favorece la captura de carbono y mantiene ciclos ecológicos que tardaron miles de años en formarse. El retiro de bisontes en Montana no representa únicamente un cambio administrativo. También revela la manera en que las sociedades modernas siguen decidiendo qué formas de vida merecen permanecer en el territorio y cuáles deben apartarse para abrir espacio a modelos económicos más rentables.
Mientras las praderas cambian lentamente bajo el peso de nuevas decisiones políticas, los bisontes siguen caminando como si aún recordaran un continente sin fronteras ni cercas. Y quizá la verdadera pregunta no sea cuántos bisontes quedan, sino cuánto paisaje salvaje estamos dispuestos a conservar junto con ellos.
Fuente: https://ecoosfera.com/medio-ambiente/natura/estados-unidos-bisontes/



